Nunca había visto un teatro tan grande y con tantos personajes. Era impresionante ver como la gente perdía la vergüenza para ofrecer un espectáculo como el que pude presenciar.. Se respiraba diversión, era diferente, como si estuviera inmersa en un cuento de hadas o de fantasía, en el que todos los personajes eran felices y disfrutaban disfrazados.
Ya des del primer día encontré un lugar precioso, la azotea de mi hotel. Allí olía a mar, parecía que pudiéramos saltar des de allí arriba y tocar la arena, el aire era limpio aunque frío y aproveché para pasar la primera mañana.
Ya habíamos pensado en Barcelona que formar parte de aquel enorme teatro y de aquella celebración sería divertido, así que después de meternos en nuestro papel, volvimos a nuestra querida azotea.