El fin del verano es como la entrada en una cárcel... Pasar de quedar con tus amigas, de no mirar el reloj, de hacer lo que quieras cuando quieras y de irte lejos, muy lejos a no poder salir de casa y madrugar cada día, es horrible. No solo por la falta de libertad que siento ya el primer día sino también por tener que despegarme las sábanas contra mi voluntad cada mañana. Hay algo que pueda ser peor que los primeros días de clase? SI, desgraciadamente lo hay, y como siempre aquí estoy yo para documentar mi mala suerte. Se supone que cuando empiezas en un lugar nuevo puedes escoger tu nueva identidad, jugar a ser super modelo o simplemente ser tu misma, lo que no encaja es que nadie se acerque a hablar contigo o a intentar intercambiar unas pocas palabras con alguien para no sentirse solos el resto del año, porque así me he sentido yo en mi clase, sola. Ni un hola, ni un como te llamas, absolutamente nada. Mis esfuerzos han sido en vano, parecen auténticos cactus, todos. Tengo la esperanza puesta en que con el tiempo pasaran de ser esos cactus a un girasol, por ejemplo, yo que sé. Ojalá sea así si no quiero decir adiós a todo contacto social este año y no pienso permitirlo. Y tras hablar de este tema que tanto me inquieta paso a despedir al verano, mi querido verano.. Ya solo quedan 10 meses. Espérame porque ya vuelvo a olerte.







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